Testimonio Fernando Garzón

Actuamos según lo que pensamos o creemos.

Mi nombre es Fernando Garzón soy colombiano tengo 40 años estoy casado con Marali Dias quién es Brasileña, tenemos dos hijas Elizabeth y Amanda, actualmente vivimos en Guayaquil Ecuador, sirviendo a Dios en el Ministerio Camino de salida, y estamos pasando por un momento muy especial en nuestras vidas, pero no siempre fue así y hoy les quiero contar mi historia.

Vengo de una familia numerosa, somos 13 hermanos de padre y madre, más 5 hermanos del primer matrimonio de mi padre, de niño recuerdo que vivíamos en una condición económica bastante difícil, no fue fácil para mis padres cuidar, velar, proveer las cosas básicas como alimento, vivienda, vestimenta, educación para un número tan grande de hijos, de hecho algunos de mis hermanos mayores se dedicaron a trabajar desde temprana edad para ayudar a mis padres con los gastos del hogar, así que ni que pensar de conversaciones profundas con mi padre con temas relacionados a la identidad sexual, esto no era una prioridad frente a otras necesidades más urgentes.

A la edad de 12 años comencé a sentirme atraído por otros hombres, sin contarle a nadie de lo que me estaba pasando, creé un mundo de fantasía en mi mente, algunas veces me rechazaba a mí mismo por haber nacido hombre y no mujer, otras veces contemple el suicidio como una posible solución a mi problema, ser homosexual no era algo que traería satisfacción, orgullo, ni mucho menos alegría a familia. Sin embargo a los 16 años de edad me empecé a involucrar en un estilo de vida homosexual que rápidamente adopte como una norma de vida, sin números de problemas se me vinieron encima con mi familia, amigos y sociedad, así que decidí irme de casa y desde los 18 hasta los 25 años me sumergí en las aguas profundas del homosexualismo, en la vida nocturna, fiestas, discotecas, sexo, alcohol, drogas, y mucha promiscuidad. También aprendí la peluquería y vivía de ella durante todos esos años.

Decepcionado de la vida Gay y después de haber perdido tanto tiempo buscando el amor verdadero de una manera errónea, me encontré con Jesús quién le dio sentido y valor a mi vida, no es suficiente solo con las características biológicas para sentirse hombre, hay que aprender a ser hombre o mujer, y la manera en que somos tratados es muy importante en la construcción de nuestra identidad, Jesús me dio identidad, me dio amor, me enseño a perdonar, amar y poco a poco fue restaurando y sanando las heridas más profundas de mi ser que me habían llevado a vivir en el homosexualidad.

La homosexualidad es un problema sexual y afectivo que tratado de la forma correcta puede ser reversible ,Dios está interesado en llevarnos nuevamente al diseño perfecto que él creó para la humanidad: la heterosexualidad.

La transición de homosexual a heterosexual, no se trata de un cambio dramático entre “esto o aquello”, sino que es un proceso gradual que ocurre en una sucesión de pasos, en los cuales la homosexualidad va disminuyendo, mientras que la heterosexualidad va aumentando.

A Dios sea la Gloria!!!

Testimonio Víctor Cun

Nací en un pueblo llamado San Antonio, perteneciente al cantón Santa Rosa, provincia de El Oro, en Ecuador el 15 de julio de 1965. Mis padres trabajaban en labores agrícolas junto con mis hermanos mayores y yo por ser el menor quedaba al cuidado de mis hermanas desde 3 años. Por tanto la relación con mi padre era muy escasa, mucho más lo afectivo, no recuerdo haber recibido un beso o un abrazo de mi papá Éramos muy distante; sea porque no me dio amor o porque yo fui incapaz de recibirlo. Lo que si sabía es que era mujeriego, tomaba y fumaba mucho.

El de mis padres y mi hermana era que el último de sus hijos sea una niña, porque me cuentan que ella me vestía como niña. No tengo muchos recuerdos sobre eso, pero en el momento de mi conversión el espíritu santo me lo reveló.

Después de algunos años, nos trasladamos a vivir en Huaquillas fronteras entre Ecuador con Perú. Donde estando en la escuela los niños me molestaban y me tocaban porque ellos se sentían diferentes a mí; yo afeminado, amanerado y fui creciendo así hasta la adolescencia. Donde a los 15 años tuve por primera vez una aventura homosexual con un familiar, donde lleno de inseguridades me deje conquistar.

Vivía una vida homosexual oculta en esa ciudad, y desbaratada a tal punto era mi necesidad de padre que hasta una vez pensé en tener relaciones con mi padre. A los 31 años me trasladé a vivir a Quito la capital, por trabajo y como no me conocían viví abiertamente la homosexualidad por dos años.

En 1998 regresé a Huaquillas porque no podía más, caí en una depresión al terminar una relación homosexual. Y despedido de mis trabajos no tuve más opción, pero no era casualidad, era Dios que tenía preparada una emboscada para mí.

Un pastor me invitó a una fogata en la iglesia y al hacer el pastor Hernán Arias el llamado a aceptar a Jesucristo como Señor y Salvador, el espíritu santo me envolvió con su presencia y tuve mi encuentro con Dios; caí de rodillas y no podía parar de llorar. Cristo perdonó todos mis pecados, y comenzó mi lucha por vencer todo comportamiento y atracciones hacia las personas de mi propio sexo.

Fue un proceso doloroso, aprendí que cuando duele hay sanidad; porque Dios estaba conmigo pero mis luchas emocionales y mentales seguían y no las entendía; hasta que Dios puso en mi caminar al ministerio “Camino de Salida”

Asistí a varios eventos donde adquirí materiales y herramientas que debemos usar para nuestra libertad. El perdón a mí mismo, con mi familia, especialmente a mi padre; hicieron que entendiera también que las atracciones homosexuales responden a heridas emocionales no curadas y necesidades de afecto no satisfechas. Cuando estas heridas son sanadas y las necesidades de amor satisfechas, la homosexualidad pierde su fuerza y se derriba. Entonces empiezan a emerger los deseos heterosexuales innatos con los que Dios nos creó, tanto en hombres y mujeres de manera natural.

Actualmente tengo una novia que Dios tenía preparada para mi como yo para ella y llevamos tres años de noviazgo, y esperamos casarnos. La gloria sea al Padre, al Hijo y al espíritu santo. Amen

Testimonio Alma en libertad.


Es verdaderamente emocionante para mí poder hacer un recuento, aunque breve, de mi vida frente al lesbianismo; y que tú puedas leer estas líneas, con la firme esperanza de que puedas abrir tus ojos a la verdad si es que aún vives en la gran mentira del homosexualismo.

En mi niñez recibí un mensaje equivocado que me llevo por completo a rechazar mi identidad como mujer, una baja autoestima, la poca aceptación de los demás (sobre todo de mi madre) todo hubiese sido diferente si hubiese nacido varón, esa era mi insignia.

Así crecí y viví mi adolescencia, admirando e idealizando cualidades físicas en ciertas mujeres y que poco a poco se transformaban en un deseo incontrolable que me llevaría al siguiente paso, buscar una relación que agradare aquella necesidad.

Fue así como me vi envuelta en una relación con una persona emocionalmente desequilibrada, herida al igual que yo, y creamos una relación de dependencia totalmente destructiva. En medio del dolor y del llanto, llegué a camino de salida, absolutamente cansada, llevaba un peso grande a mis espaldas, y un corazón destruido.

Desde niña por la gracia inmerecida de nuestro creador, la semilla de su amor fue plantada en mi corazón, no sabía que El ya me había escogido a mí y me sacaría del abismo en el que me encontraba, de la mano de dos seres extraordinarios logré identificar, reconocer, reseñar cada punto en mi vida, cada situación, cada suceso que me arrojó al pecado del homosexualismo, poco a poco todo era más claro, todo tenía sentido, había escuchado las mentiras de satanás durante años y las creí por completo.

¡No fue fácil! Pero había una luz en medio de tanta oscuridad, la Luz de Jesús, a sus pies hallé el descanso que mi alma anhelaba, hoy vivo con la firme convicción de que el homosexualismo es una herramienta más de satanás para destruir vidas, Dios me ha dado convicciones mucho más firmes, como una hermosa familia y la sanidad de todas mis heridas, dominio propio, madurez espiritual y emocional que me permite ver al homosexualismo plenamente desenmascarado y a sus practicantes con los mismos ojos de amor, piedad y compasión con los que El me miró a mí, la firme certeza de que existen raíces destructivas que tergiversan la mente y el corazón humano logrando así el propósito del enemigo. Te saluda con el alma…